Agosto 2

ESCRITURA:
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10).

TESORO BÍBLICO:
¿Alguna vez se ha sentido demasiado débil como para ganar la batalla? Amigo (a), pudiera ser que usted no sea lo suficientemente débil. Dios se identifica con nuestra debilidad obediente. Es cuando dejamos de “tratar” y comenzamos a “confiar”, que el poder de Dios se podrá manifestar.

Verá, su debilidad no es una desventaja; es, más bien, una ventaja. La batalla no es suya, ¡es del Señor! Si tan sólo pudiéramos aprender que Dios no necesita nuestra fortaleza. ¡Dios quiere nuestra obediencia! Dios tiene la fortaleza, y Dios quiere darle esa fortaleza sobrenatural en lugar de la suya. No es nuestra habilidad la que cuenta, sino nuestra “disponibilidad”. No es cuestión de su fama, sino de su fe. No es asunto de quién es usted, sino de a quién usted pertenece.

PUNTO DE ACCIÓN:
Usted puede pensar que hacer algo en sus propias fuerzas debe llenarlo de orgullo. No obstante, lea 1 Corintios 1:26-31. ¿De quién o de qué debería usted ufanarse?