con Adrian Rogers Conoce a Jesus?
QK127 Como conocer
Tengo casi 30 años, no tengo hijos y nunca he estado casada. Deseo encontrar un esposo, pero la mayoría de personas solteras de mi edad son divorciadas. ¿Qué piensa del noviazgo o posible matrimonio con una persona divorciada?

la voluntad de Dios
FOLLETO
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El divorcio encabeza la lista de síntomas en el vacío espiritual de la cultura moderna. Casi ninguna familia escapa sus efectos devastadores. La conveniencia y el egoísmo, no la convicción, son de primordial importancia en nuestra sociedad y eso ha mutilado el compromiso matrimonial.
Permítame primero advertirle que el efecto del divorcio es rara vez terminal. Un hombre y una mujer pueden divorciarse legalmente, pero nunca completamente separarse emocionalmente. El dolor del divorcio puede minimizar, mas nunca desaparecerá totalmente, especialmente si existen hijos de por medio. Si está involucrado (a) en un segundo matrimonio esté preparado (a) para enfrentar esto.
El plan de Dios para el marido y su esposa es ser una sola carne de por vida. Las Escrituras sí permiten el divorcio por adulterio, sin embargo, no es un mandato y debe ser el último recurso después que todos los esfuerzos por reconciliarse han sido agotados.
El volverse a casar con la víctima inocente en este caso parece ser permitido por las Escrituras (Mateo 5:30). Consecuentemente, en cuanto al noviazgo, uno no debe mantener un noviazgo con una persona que no será un candidato (a) piadoso (a) para el matrimonio.
Sea que un cónyuge potencial futuro sea divorciado (a) o no, ciertas normas se aplican. Segunda Corintios 6:14 enseña que un creyente en Cristo no debe casarse —o mantener un noviazgo— con un incrédulo (a). Si Cristo no es la prioridad en ambas vidas, entonces la autosatisfacción lo será.
Si usted se casa esperando que su cónyuge supla todas sus necesidades, usted está destinado (a) a la desilusión. Exclusivamente Jesús puede satisfacer toda necesidad. Paciente y fervientemente ore antes de considerar el matrimonio, porque es mejor anhelar estar casado (a) que desear no estarlo.
Tomado de la columna semanal del pastor Adrián Rogers. Utilizado con permiso. © 2001, The Commercial Appeal.
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